POEMAS

FRUTO

Siente el fruto del alma,

ése que “ab aeterno” se agría

cuando le tocan las aguas.

Siente el fruto del alma,

ése que endulza a los niños

cuando algo se les regala.

Siente el fruto del alma,

ese Quijote romántico

que se estremece cuando algo pasa.

Siente el fruto del alma,

pero no lo sientas demasiado,

porque, si dejas la razón a un lado, el alma te mata.

 

LÓGICAS PERMUTAS

Nada cambia, pero todo fluye.

Todo fluye, pero todo cambia.

Nada cambia, pero nada fluye.

¿He fluido? ¿He cambiado?

¿He crecido? ¿He amado?

Tal vez esté equivocado

 por creer que he fluido,

 por creer que he cambiado.

¿Creer es fluir o cambiar?

Fluir es brotar y brotar es nacer.

¿Nacer es, por tanto, habitual?

Cambiar es trocar y trocar es variar.

¿Variar es, por tanto, lógico?

No lo sé. Pero, al menos, lo planteo.

Y, al hacerlo, no me corto un pelo.

 

QUISIERA

Quisiera ser una nube y vivir en un cielo azul.

Negro, turbio o estrellado, pero, ¡por siempre!, azul.

Viajar por mundos errantes, sin ningún rumbo fijo,

felizmente perdido, en un perpetuo recorrido.

Surgiendo de las aguas como lo hacen las sirenas,

cubriendo a las montañas sus calvas turulatas

¡Pinceladas al alba!

 

Quisiera ser una nube y ver la tierra entera

orinando a discreción, sin que nadie se ofendiera.

Quisiera ser una nube y suicidarme en el invierno,

para hacer de mi recuerdo otoño y de mi tumba primavera.

 

Quisiera ser un suspiro de algún apasionado

que, sin sufrir en demasía, ansíe ser amado.

Quisiera ser Jesucristo y vivir en la memoria

de gente que, sin conocerme, me quisiera todavía.

 

Quisiera ser Valle-Inclán y lucir la barba blanca,

caminar por Recoletos y vestir con ropa rara,

huir de las riquezas que no me satisfagan,

beber hasta el olvido oculto en una tasca.

 

Quisiera ser feliz y amar a quien me amara,

soñar en cómo vivo y vivir como en un sueño.

Quisiera ser un huevo y morir en la sartén,

evitando así en la vida los saltos de la hiel.

 

Quisiera ser el metro de una ciudad muy perra,

dando refugio inmundo a magnates y a rameras.

Quisiera ser vagón de un tren de cercanías

y ver lo más cercano de mi ciudadanía.

 

Quisiera ser poeta, vago y circunspecto,

sirviendo envidia a nobles, obreros y perfectos.

Quisiera ser la sal que adereza la vida,

paloma de la paz, grasa en la comida.

 

Quisiera ser Hierro, Neruda o Machado

y, si es cuestión de aprietos, Sabina o Lizano.

Quisiera ser Lorca, Darío o Cervantes,

pero he resultado ser yo y me quedo tan campante.

 

Quisiera ser carroza en la feria de Sevilla,

ejecutivo en Nueva York y hippie en Ibiza.

Quisiera ser torero de políticos adustos,

de jefes inclementes y de terroristas al uso.

 

Quisiera ser yo mismo y sentir mi imperfección,

que, al menos, es mía y no hay dubitación.

¡Pinceladas al alba!

 

LITERATURA

Himno crearé,

sintiendo melodía.

Verso genial,

lijada sinfonía.

 

Aliento principesco

naciente de escritura;

¡corazón!, ¡ingenio!, ¡locura!:

su mixtura.

 

Lo anterior menstrua

y acosa la salida:

pulcra e insigne;

igual: ¡Literatura!

 

DEJADME VIVIR

Que nadie me quiera.

Que nadie me añore.

Que nadie sufra por mí.

¡Dejadme vivir!

 

Que nadie me bese.

Que nadie me mire.

Que nadie me acaricie:

¡Dejadme vivir!

 

Que nadie me toque.

Que nadie me viole.

Que nadie me oiga.

¡Dejadme vivir!

 

Que llueva por siempre

granizos y nieves.

Que muera la vida.

¡Dejadme vivir!

 

CANCIÓN A MI HIJA

Cuando te abrazo, niña mía,

mi corazón habla con el tuyo

y le cuenta, niña mía,

cuánto quiere este papá a su hija.

 

Cuando te veo, niña mía,

mis ojos hablan con los tuyos

y les dicen, niña mía,

cuán orgulloso está este papá de su hija.

 

Cuando te pienso, niña mía,

mi cabeza habla con mi corazón

y se dicen, niña mía,

cuán solos están los dos.

 

ME PICA UN HUEVO

Un día, en el trabajo,

un huevo me picó,

y no pude resistir la terrible tentación

de arrascarme con bravura,

con donaire y con tesón.

 

Fui rápido como el AVE,

discreto como un señor.

Pero, a causa del intenso ejercicio,

el teste se me salió.

 

¡Qué bochorno! ¡Qué rubor!

¿Cómo el golfo se salió,

sin permiso, del calzón?

 

Una dama de alta alcurnia,

asombrada, me preguntó

si era la moda de hoy en día

llevar un huevo fuera,

tan hermoso y bravucón.

 

Le dije a la señora

que, de Londres, yo cogí

tan original idea

de llevar un cojón fuera

como algo baladí.

 

Para seguir con el cuento

y mermar así el mal rato,

yo le dije a la señora

que igual pasa con el papo.

 

La dama, muy al día,

ni un pelo se cortó

y, bajándose la falda,

el conejo desveló.

 

 

Al ver a la Duquesa en bolas,

la empresa se estremeció:

era una cliente requetebuena

y, semejante situación, requería solución.

 

 

Todos entonces contribuyeron

a seguir, sin dilación,

el ejemplo de mi huevo

y del papo en cuestión.

 

Arrascarse es arriesgado,

y, aún más, si es un cojón,

pues éste puede ser el causante

de tamaña revolución.

 

EL ROCK DEL POETA CALVO

Quiero cantar contigo una canción mía

y, si no te gustara, una de Sabina.

Quiero bailar contigo un rock and roll,

o hacer un dueto del Knocking´s on heavens door.

 

Y aquí me tienes...

 

Soy como un Elvis decapitado:

cambié mi tupé por un pelo ralo.

Soy un Don Juan mientras duermo

y, cuando despierto, un mero hombre del tiempo.

 

Quiero sangrar mi historia de amor,

porque soy kamikaze sin ser del Japón.

Quiero reír como ríen las hienas,

sin ningún sentido; ¡parece que estén puestas!

 

Estribillo...

 

Besar a mordiscos tus labios,

lamer los kilómetros de tu piel,

sentir tu aliento caliente

y alternar los fluidos de la hiel.

 

Pasado...

 

Tu cama tutela las grietas de mis sueños,

que, en cierta ocasión, prefirieron hacerse eternos.

Sigo sintiendo nostalgia al ver las sábanas

que incluyeron mis lágrimas.

 

 

Presente...

 

Ahora quiero ser poeta,

de barba cana y bufanda.

Ahora quiero ser cantante,

de academia ambulante.

Ahora quiero ser bohemio

y abrigarme en mi ingenio.

 

Pero... dime: mañana de siete y media,

de café entre tinieblas, de tostadas calientes,

¿llegaré a brillar con luz propia?

Dime: entorno oficinero,

de fruiciones seguidas, de humos ajenos,

¿llegaré a brillar con luz propia?

 

Con la música a otra parte...

 

Volviendo al rock and roll

y al pantalón vaquero,

me siento el más chulo del mundo entero.

 

Enfundando mi guitarra de ocaso sangrante,

luciendo unas botas de cruzar Río Grande,

con la chupa de cuero y sin mucho afeitar,

suena en las cuerdas un blues de Satán.

 

 

 

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© Guillermo Pérez Aranda