Poesías

LA ESPERANZA

 

Yo soy la mugre que se vuelve río

cuando tus ojos me regalan
una ojeada de tu diván escondido.
Yo soy el aire que se va contigo
cuando mi cuerpo te dice adiós,
cuando tu tacto no es mío.
Yo soy la mente que siempre convence
al precio de la ilusión, al coste de lo sentido.
Y si me engaña el juicio acudo a los sueños
para vivir lo que siempre… quise haber vivido.

QUIERO FOLLARTE CON MIS POESÍAS

 
Quiero follarte con mis poesías,
clavarte mi altivo falo desde el averno de mis prohibidas reflexiones,
hacerte mía como si estuvieras en mis intestinos
y husmear en tus deshechos para estar más cerca de ti…
Sin tocarte siquiera, sin ni siquiera verte, hacer que tu vagina llore crasas lágrimas de placer.
Quiero sudarte hasta que brilles,
quiero alimentarte hasta que eructes,
quiero que te pongas gorda de plétoras
y aliviarte con dosis oscuras y violentas de goce.
Quiero regarte la flor del ano,
verla brotar con los vientos de tus censuradas cuevas
y probar sus cambios de estación causados por la lactancia de mi falo:
termómetro del sexo, guiño ciego y divino.
Quiero horadar en tus nalgas mi hogar,
refugiarme en el verano de tu coño,
despojarme de la cordura entre tus senos
y, a dentelladas, arrancártelos de un frenesí.
Mis versos son lengüetazos a tu vulva:
Húmedos, hediondos y sincopados; sucios y deliciosos
como unos callos espesos, humeantes y adherentes.
Córrete, vida mía, haz que mi cara resplandezca
con el sol de tu satisfecha agonía.

 

RÍETE, NIÑA.

 

Ríete, niña, que te traigo la luna como decía el poeta... Tu risa me hace aún más libre, tus besos me ensanchan el corazón.

MANIFIESTO POETA

Hoy, asumiendo las consecuencias que me sobrevengan del acto que a continuación sustento, me declaro, enteramente, de pies a cabeza y de alma a corazón: ¡POETA! Hoy salgo del armario asumiendo mi condición de trovador y mudaré todas mis creencias y prejuicios al Parnaso, donde las musas serán mis gobernantas y mi destino será el verso. Mi bandera será la armonía, mi Reino la libertad, mis creencias serán inspirativas y mi criterio, la verdad. Me ducharé cada mañana con bellas palabras a las que haré el amor sin prisa, fecundándolas de singularidad, creando con ellas versos con los que formar familias de poemas que tendrán descendencia en los corazones del Cosmos. Crearé ejércitos de margaritas que invadirán las sequías anímicas de la sociedad del edificio inteligente y del rezo al móvil. Ganaré la batalla a lo pedestre, sanaré a la juventud de los alienantes modismos cacofónicos y alimentaré a la podredumbre lingüística con la palabra y la musicalidad.

Juro mi cargo como cruzado del verso y juro hacer de mi oficio, mi realidad. Y, digo bien que juro, porque prometer es de cobardes al no implicar un compromiso total. De ahí, que mi apuesta es suprema, que con mi vida juego al ponerla en manos de mis musas y, aunque no me entierren en sagrado por artista, sé que Dios me acogerá en su seno por ser Él el mayor Creador y por ser yo su soldado. Juro, pues, lealtad también a mis principios líricos y juro versificar a capa y espada a quien o a lo que se me ponga por delante, cercenando banalidades anodinas y sembrado metáforas en cada rincón. Destruiré creando, renovaré cantando, lucharé con la pluma, a priori, y por la fuerza si se diera el caso, porque es hora de asumir mi condición y de no volverla a enterrar jamás.

Pongo a mi intención el sobrenombre de sentencia para obrar, no en consecuencia que suena muy banal y actual, sino con honestidad. Y así firmo y concluyo mi manifiesto, con alto orgullo y máxima expectación, comprometiéndome hasta las trancas y poniendo en juego mi honor, porque no hay mayor débito que el que se hace con uno mismo, ni mayor acierto que cumplir la propia voluntad.

 

EL TORO VERDE Y LA ESTÚPIDA

- Hola, soy un toro verde.

- Es imposible. Debo estar soñando.

- No. Existo y soy muy verde.

- Te voy a denunciar. No puedes ser verde. Los toros son albahíos, berrendos, burracos, cárdenos, castaños, colorados, ensabanados, jaboneros, negros, sardos, salineros… ¡pero nunca verdes!

- Soy verde y hermoso. Soy único en mi especie.

- No, no y no. Te odio. Detesto la originalidad. Es absurda. Es la opción de los fracasados y de los raros.

- Pero yo no lo hago con mala intención.

- Pero eres verde y eres toro. ¡¡Eres una aberración!!

- Yo creía que era bonito.

- Eres un mojón, eres un sindiós, no tienes razón de ser…

- Pero soy verde.

 

LA PANTERA NEGRA

Antorchas flamean débiles en la pútrida oscuridad,

mientras mis pasos se hunden suicidas en una acera de estiércol.

El húmedo calcetín llueve sobre mi cuerpo bañado

de sangre, sudor y lástimas.

Ratas que fueron perlas me mordisquean con saña la piel,

sueños que fueron secos, ahora se me han mojado;

versos que fueron rimados… ya nunca podrán rimar.

 

Pantera de negro terciopelo y andares de diapasón,

que hueles a cama deshecha, que sabes a droga y a alcohol:

Ámame matándome con tus uñas,

ciégame la ética enseñándome a pecar,

haz que tus yertas campanas en mis palcos redoblen,

bate mi ardiente mástil al despertar.

 

Tus esferas postreras son bolas de cristal,

que la esperanza amaña por el gusto de follar.

Tus ojos de ramera no se pueden maquillar,

vician como canto de sirenas en la mar.

 

Pégame a tu sexo, viólame la libertad.

Chúpame mi solvencia, véndeme tu vanidad.

Al llegar al orgasmo, aspira mi razón:

litros de calor, geles de pasión...

Pero no digas que me quieres,

ni que es fruto del amor.

 

¡¡Suelta, Satanás!!... ¡¡Suéltame, ya!!

***

Me despierta un céfiro crepuscular

acariciándome el vello y mi deseo de amar.

Surge sano, puro… como un vaho vital

engallinándome la dermis, perfumándome la realidad.

Canta la primavera andaluza, mientras sudan los olivos

 y las casas bajitas se visten de blanco y cal.

 

En una carcomida silla, de copla y antigüedad,

tomando una tapa de salmo regio,

escuchando histriónico un disco de Zaz

y, cuando de gusto, a punto estoy de eyacular…

 

Una puerta se queja y veo a la pantera entrar.

Sus campanas oprimidas bailan al temblar

y el diapasón marca el ritmo de sus bolas de cristal.

Relamiéndose viene, sin ánimo de dialogar.

Mi imán tira hacia ella, ya la huelo al caminar…

Chocolate y especias, dulces mieles, caviar.

Aguacate, rojas fresas, pescaditos de alta mar.

Brillan húmedos sus labios, ya la oigo respirar.

Su cuerpo abierto quiere el mío clausurar

bajo el palio de lo impúdico, de la falta de moral.

Condenado soy al paraíso dejar,

mas en un ataque sensato grito en alto:

 

Vade retro… ¡¡Satanás!!

***

 

LAS CARAS BLANCAS DEL CIELO

Las caras blancas del cielo me dicen que vea lo azul y no lo negro.

Mi perfume ya marida con mi sudor añejo.

Mis ojos han perdido fe y han cogido tormento.

Mis dedos ya no corren por mi guitarra en relevos,

se conforman con escribir los llantos de nuevos duelos.

 

Cuánto corre la vida y qué poco cunde lo bueno.

Que, si de joven lo pasas riendo,

cuando encaneces se te agría el gesto

sabiendo que lo mejor se te está yendo.

 

Pero las caras me dicen que estoy riendo.

Será por lo que fui y no por lo que estoy siendo.

 

NO PUEDO EVITARLO

No puedo evitarlo.

Cuando al destiempo de tu compás,

tu piel tiembla en sus prohibidas y adornadas fronteras.

Cuando tu suave voz acaricia mi piel despertando mis vellos,

haciendo llegar su vaho a mis propios infiernos.

No puedo evitarlo.

Palpitar, sudar, salivar… como un animal

agresivo, salvaje y en celo

cuando atisbo la suavidad de tu dorado cuerpo.

No puedo evitarlo y mi lado más perdido

desea el canibalismo de tu organismo.

Morderte, lamerte, comerte y hacerte

en un vals de los sentidos.

No puedo evitarlo:

Haciéndome ilegal en un territorio vecino.

Sospechando la lluvia que hubiese entre tu beso y el mío.

 

POEMA SURREALISTA

Cuando el Sol me sale por el culo adivinando lo estoico de mi pensamiento banal,

surge límpido como un presumido tranvía, como un gas crepuscular.

Un gnomo sefardita renuncia a mi fantasía de ganchillo

donde los caminos de poliéster son crudos y necesitan aliños.

Pero un castillo se funda en mi uña con almenas de incertidumbre

y mis intestinos se rebelan como serpientes proletarias:

comiéndome por dentro el excremento amor:

El dolor es exquisito, aparece al torcer la esquina, es gourmet.

¡¡Dolor sadomaso, dolor en el Parnaso, dolor en la uña del pié!!

 

SONETO DE LO QUE SUENA EN MI VENTANA

Siempre suenan negras mis madrugadas.

Desde mi cama noto el escenario,

siniestros suspiros tiemblan a diario,

de lo que un día sí fueron mis hadas.

 

En el pasado faltaron palmadas,

condenado ya al sistema binario

me convierto, pues, en loco sicario

y con palabras forjaré mi espada.

 

Y con fiero genio voy caminando,

aunque de, cuando en vez, sienta la pena

que con altivez la voy soslayando.

 

Y así termino desde mi almena:

mi triste ventana que está sonando,

perteneciente a la vulgar colmena.

 

SONETO A MI DIOS DEL BOLSILLO

Yo tengo mi propio Dios de bolsillo:

simpático, divino y poeta

mas como buen andaluz, no es asceta.

Tiene verso fácil, genio sencillo,

 

creatividad para el estribillo

y hace, de sus muchas canciones, metas.

Tiene un bastón, muy útil bayoneta,        

y usa corazón falto de pestillo.

 

Revelando su nombre es Don Carlos;

revelando su condición, mi abuelo.

Lo demás, no queda más que contarlo.

 

El recuerdo y cariño, mi consuelo.

Salvando lágrimas, opto dejarlo,

que ya no es tiempo de volver al duelo.

 

EL SONETO DEL ADIÓS

Me despido apretando mi herida

que sangra lágrimas de amor y pena;

que, a vacíos inmensos, me condena

desterrando sueños en la partida.

 

Caminaré derrochando mi vida,

liberándome de tristes cadenas,

olvidándome de bellas sirenas

que batieron mi alma de sacudidas.

 

El polvo y lo oscuro me atormentan,

siendo la antesala de mi olvido

como en un duelo que nadie lamenta.

 

A Dios, derrotado, me he acogido

pues ya ni sé lo que me sustenta,

sólo como y bebo de lo vivido.

 

SONETO AL AMANECER

El día se está afeitando el rostro

y su piel de azul luce bien lavada,

la luna se acuesta ya en la alborada

y el sol la besa con un breve logro.

 

¿Cuántas vidas cabalgan como un potro

y se refugian en las madrugadas

copulando con sus apacibles hadas

o, quizá, deseando lo que es de otro?

 

El invierno pare a la primavera

y el verano se desangra en otoño

adornando al mundo con su solera.

 

Es por eso que versos tan gazmoños,

necesitan hedores a caldera

y una pizca de puta rabia: ¡coño!

 

Redes sociales :

Versión para imprimir Versión para imprimir | Mapa del sitio
© Guillermo Pérez Aranda