Sobre mí

Nací, para bien o para mal, artista y, además, soy raro y algo excéntrico. Así son los gajes de este oficio y no voy a explicar ahora por qué el artista suele ser así, pero es una contingencia común que con el tiempo empeora como una enfermedad terminal o como una mala plaga. Cuando se es artista y conocido, esas rarezas se vuelven geniales y todo el mundo las imita o las critica; en cualquier caso, se tienen en cuenta, pero, cuando el artista es anónimo, las extravagancias no ayudan demasiado convirtiéndose en claros obstáculos para subsistir en sociedad. A pesar de ello, el que se siente creador, como yo, lo suele acarrear con un orgullo descerebrado, como el patriota que lleva su bandera hecha jirones en plena batalla o como el torero que muestra las orejas y el rabo ensangrentados tras una buena faena en la plaza.

 

Han dicho de mí que he sido un artista obsceno y, como decía Borges, desagradablemente sentimental, pero, que tenía la obligación de ser ambas cosas porque, de esta manera, hacía un arte mejor. También se ha comentado, en algún castizo mentidero de parroquianos beodos y aparentemente sinceros que, si soy inteligente, lo soy, sobre todo, como creador y que si estoy en este mundo es para hacer arte porque para otra cosa, no sirvo o sirvo de manera restringida. Así que, desde muy pequeño, me puse a ello con ahínco: pintando en las paredes del hogar familiar, siendo un malísimo jugador de fútbol, dejándome el pelo largo, formando una banda de rock, no entendiendo nada de coches, componiendo canciones, escribiendo poemas… A pesar de la evidencia, creyeron que iba a ser médico, luego empresario, luego ejecutivo y no hubo suerte o sí que la hubo, según se mire, porque yo sigo siendo muy feliz entre mis discos, mis instrumentos y, sobre todo, entre mis libros (de papel, claro) y, aunque no pueda aún ganarme la vida como creador y me traicione a mí mismo aceptando oficios contrarios a mi idiosincrasia, yo escribo en cuanto puedo porque es lo que me gusta y lo haría aquí o en el desierto del Gobi porque, mayormente, me importa el acto y no tanto sus consecuencias. Es como el comer en el que el acto suele ser más gustoso que sus secuelas, pero, no sé si es el mejor ejemplo porque, como sostuvo el maestro Quevedo: “no hay gusto más descansado que después de haber cagado”, pero ustedes ya me entienden.

 

La literatura fue, en una primera aproximación, un refugio para mí en un mundo que me era hostil, pero dicho refugio se convirtió, de súbito, en la mansión Play Boy donde disfrutaba como un enano fogoso y cachondo escribiendo y contando historias mientras me aislaba del mundanal ruido. Durante mi adolescencia (en la que ya obtuve algún que otro premio literario) estuve más vinculado al mundo de la música, pero, primero por el nacimiento de mi hija y después porque, quizá la música no me podía permitir expresar todo lo que había en mi mente y en mi corazón, al final de mi veintena, decidí zambullirme de lleno en las letras para ahogarme y renacer de nuevo como un ave fénix literaria que ya sólo tenía como propósito en la vida: leer y escribir.

 

Pero nunca renegaré de mis tiempos vinculados al rocanrol. A los catorce años aprendí a tocar la guitarra y a los dieciocho, sino antes, formé mi primera banda de rock. Antes de los veinte comencé a colaborar como guitarrista y corista en varios grupos de pop, rock y folk, tocando en locales como el recientemente desaparecido Segundo jazz. A los veinte años formé mi primera banda de rock and roll, Carpe Diem, y empecé a tocar otros instrumentos de oído como el piano, la harmónica o la batería. Se podría decir que mi primer acercamiento a la literatura fue a través de la composición musical. Tras varios años apartado de los escenarios, en el 2002 volví a ellos para hacer una actuación en la que se conmemoraba el vigésimo quinto aniversario de la muerte de Elvis Presley (Centro Cultural Hortaleza del Ayuntamiento de Madrid). En ese mismo año, se publicó mi primer libro de ensayos, Escara Básica (un conjunto de textos filosóficos, estéticos…), y lo presenté en otro Centro Cultural del Ayuntamiento de Madrid: el Federico Chueca haciendo un recital como cantautor con composiciones mías. Casi, a la par, un programa divulgativo de literatura novel de Telemadrid Radio se hizo eco de mi publicación y me hizo una entrevista en directo. En los años siguientes publicaré dos libros más: uno de poemas, Versalias, con sus correspondientes presentaciones en locales y en la radio, y otro de ensayos, Mi mundo, mi gente y mi yo. Gané, por otro lado, algunos premios menores de poesía y uno de cuentos infantiles en Bank of America, donde estuve trabajando. Estos últimos años he estado escribiendo una novela bastante ambiciosa que se titula: Revelación (El milagro te mata) que espero que se publique en el 2017 y no he tenido mucho tiempo para la actividad pública, aunque recientemente haya participado en un acto poético en el barrio de Malasaña (Madrid) dirigido por la poetisa y también amiga, Valentina Lara (Lemotbulle), en la librería Libros para un mundo mejor.

 

A mis casi cuarenta y dos años estoy empezando a saber quién soy y la sorpresa está siendo bastante grata.

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© Guillermo Pérez Aranda